En muchas organizaciones, la gestión del talento sigue centrada en una sola dimensión: el desempeño. Es decir, qué tanto logra una persona en términos de resultados.
Y si bien eso es importante, hay algo que no se está mirando con la misma profundidad: cómo se logran esos resultados. Ahí es donde empiezan los problemas.
Porque aparecen situaciones que seguramente conocés: personas que cumplen objetivos, pero generan conflicto… y personas comprometidas, pero que no logran impactar en el negocio.
Entonces, el problema no es el talento. El problema es la forma en que lo estamos evaluando.
El error: como siempre es usar una mirada reduccionista a un problema complejo.
Durante mucho tiempo, las organizaciones crecieron evaluando solo resultados.
Después, algunas empezaron a mirar la actitud. Pero la realidad es que ninguna de las dos variables, por separado, alcanza. Hoy, gestionar equipos requiere integrar ambas. Porque una persona no solo impacta por lo que hace, sino también por cómo se vincula, cómo decide y cómo afecta al resto.
Una herramienta simple para ordenar decisiones Una forma concreta de trabajar esto es a través de la matriz de desempeño y actitud. No es una herramienta compleja. Es una forma de ordenar algo que ya está pasando en tu equipo, pero que muchas veces no se dice.
La matriz cruza dos dimensiones:
Desempeño: los resultados que logra una persona
Actitud: su comportamiento, compromiso y alineación con la cultura
Y a partir de ese cruce, aparecen cuatro realidades muy claras. Cuatro perfiles que ya están en tu equipo:
Talento clave
Son las personas que logran resultados y, además, sostienen buenas actitudes.
No solo cumplen, sino que elevan al resto. Acá la decisión es clara: retener y desarrollar.
Alto desempeño con baja actitud
Son los que cumplen objetivos, pero generan desgaste. Muchas veces se los sostiene porque “dan resultados”. Pero el costo cultural que generan no siempre se mide… y a largo plazo es alto. Acá no intervenir también es una decisión.
Alta actitud con bajo desempeño
Son personas comprometidas, que quieren estar y aportar. Pero todavía no logran resultados. No es un problema de actitud, es una oportunidad de desarrollo. Con acompañamiento, pueden convertirse en talento clave.
Bajo desempeño y baja actitud
En estos casos no hay mucha ambigüedad. La organización necesita tomar decisiones con claridad.
Lo más difícil no es identificar, es decidir. La mayoría de las veces, los equipos saben quién está en cada lugar. El problema es que no siempre se actúa en consecuencia.
Se evitan conversaciones. Se toleran situaciones que afectan al equipo. Se posterga lo que hay que resolver. Y ahí es donde la gestión pierde fuerza. Esta matriz no es solo una herramienta de diagnóstico. Es una herramienta para tomar decisiones. Más allá de las personas, es un tema de gestión. Trabajar con esta lógica no es solo ordenar el talento. Es ordenar la organización.
Porque cuando se sostienen perfiles que no aportan, o no se desarrolla a quienes sí tienen potencial, el problema deja de ser individual y pasa a ser sistémico. Las organizaciones que crecen entienden esto: no alcanza con gestionar resultados. Hay que gestionar comportamientos, vínculos y cultura. Entonces, ¿qué estás midiendo?
Si hoy tu equipo tiene problemas de clima, de desempeño o de alineación, tal vez no sea un problema de personas. Tal vez sea un problema de criterio.
En Estudio4 trabajamos con organizaciones que necesitan ordenar estas decisiones.
No desde la teoría, sino desde herramientas simples que permiten ver con claridad y actuar.
Porque el talento no se define solo por lo que logra. Se define también por el impacto que genera en el sistema. Y gestionar eso, ya no es opcional.